Recientemente fui a una popular tienda de ropa de niños para buscar algo para mi nena. Estando en la caja registradora le comento a la Asociada de Ventas que “crecen tan rápido”. Eso resultó en lo que únicamente puedo describir como un desahogo, como agitar una botella de refresco, remover la tapa, y ver el contenido salir disparado por todas partes tras estar bajo presión.
Sabemos que crecen rápido, no necesitamos ese recordatorio. Lo vemos cada vez que les tomamos una foto, que echamos aquella ropita tan bonita que le compramos en la caja de donaciones.
Lo vemos cada vez que logran gatear, caminar, reír, hablar. Vemos ese reloj correr y no buscamos detenerlo. Solo buscamos “un día libre”.
Porque los amamos , pero nos cansamos mental y físicamente.
Porque a veces solo necesitamos recargar baterías: un buen baño sin interrupciones, terminar de leer aquel libro que compramos hace más de un mes, ver esa película que hemos empezado tres veces ya, salir a tomar un café con una amiga o dormir. ¡Dormir sin que el llanto de un bebé nos despierte! ¡Sin que un niño se aparezca en tu lado de la cama a decir que tiene sed dándote el susto de la vida porque parecía salido de una escena de la película The Ring!
No tener que dividirnos en mil pedazos para cumplir con trabajo, con estar pendientes a citas médicas , a eventos escolares, a asignaciones , a ¿qué vamos a cocinar hoy?, etc., etc.
Callamos, muchas veces siendo la almohada o la ducha los únicos testigos del agotamiento desbordado en lágrimas.
Callamos porque es lo que espera la sociedad de nosotras las mamás .
No, no debemos callar. Todo lo anterior no cancela jamás lo mucho que amamos a nuestros hijos. Lo único que buscamos es que nos escuchen, que nos ayuden a evitar que la botella reviente y que por el bien de todos nos concedan “un día libre”.
UN día de toda una eternidad ocupando nuestro hermoso rol de mamá.


No hay comentarios:
Publicar un comentario