Yo no fui la excepción. Ya cuando restaban dos semanas para volver a mi lugar de empleo, a cada rato me echaba a llorar. Sentía ansiedad y realmente, si soy honesta, no quería volver.
"No quiero regresar al trabajoooo, no quiero dejarlaaaa".
No porque no me guste mi empleo, al contrario, pero pensar en que tendría que separarme de mi bebita era terrible. Estaría más de ocho horas sin abrazarla, olerla, ver su sonrisa...cruel, cruel. ¿Te suena familiar?